Desde la Terminal al centro María Vega caminaba con un paso rápido. Pensaba en el listado de cosas que debía comprar para llevar a su ciudad, Monteros. No tenía que olvidarse nada. De repente se detuvo, asombrada, al igual que otros peatones, con las artesanías que exhibía Mario Juárez en la vereda del Ente Cultural, sobre San Martín al 200. Sobre una manta ubicada en parte de la estructura de la fachada del edificio tenía acomodados cerca de 100 cepillos tubulares -también llamados baquetas-, fabricados con cerdas de caballo y de cola de vaca. La monteriza se llevó dos: una para limpiar las bombillas y otra para la mamadera del bebé.

“Estamos acostumbrados al plástico y por eso sorprende que alguien -añade María antes de seguir su camino- haga este tipo de artesanías en plena calle”. A su lado, Mario agregó a la charla que el plástico se termina quebrando, que no sirve, y que en cambio la cerda soporta el uso y el paso del tiempo con tenacidad. Ese es el valor agregado.

“Desde hace un mes que estoy en este lugar. La gente me felicita: es que nadie ve esto”, añadió. Luego dijo que desde 1991, cuando comenzó a dedicarse a trenzar alambres con pelos de animales, recorrió todo el país, entre ferias, fiestas patronales y festivales. De hecho tiene clientes en Córdoba, Rosario y casi todo el NOA.

Junto al pequeño stand donde atiende todos los días de la semana, el artesano de 52 años pone manos a la obra para que a la vista de todos los cepillos tomen forma: empieza a tensar el alambre, luego lo tuerce y cuando supera la mitad del largo va agregando las cerdas. En este paso ya las tiene separadas por color (exhibe los mechones en tonos marrón claro, marrón oscuro, blanco y negro) y las va colocando de a puñaditos, agarrándolas con el mismo alambre. Cuando llega al final, recorta el pelo para emparejar y darle la forma tubular necesaria. “A las cerdas las compro en Banda del Río Salí, donde vivo. Sirven aquellas que son más duras. Por eso las de caballos son las mejores o las de colas de vacas viejas”, advirtió.

De uso cotidiano

Las baquetas sirven para limpiar cañerías, tubos, bombillas (son las más pequeñas y delgadas), armas, conductos de motores, mamaderas, bidones, termos y botellas, entre otros recipientes. Son ideales para eliminar residuos que se adhieren a las paredes de esos objetos difíciles de mantener limpios o que tienen una boca pequeña donde no cabe una mano con esponja.

“Soy el único que hace este tipo de artesanía, no sólo en Tucumán, sino también en Santiago, Córdoba Mendoza, Jujuy... El gasto de la cerda es lo que la encarece, pero de todas formas no superan los $ 150”, detalló.

La tradición de esta técnica que aprendió cerca de los 30 años pasará a manos de su sobrino, César Cuellar. “Para hacer baquetas se necesita mucha paciencia. Por eso pocos aprenden o se dedican a elaborarlas. A mí me encanta, me relaja”, contó Mario, que también es albañil en su ciudad natal.